domingo, 31 de julio de 2011

Quién controla qué

Las Provincias

Los centuriones del PP en Valencia

31.07.11 - 00:13 -

El rusismo ha crecido alimentando con cacaos y olivas . Cada sábado, mientras otros se dedicaron a disfrutar en familia, Alfonso Rus tejió su propia corriente en el PP valenciano en los bares de pueblo de la provincia. Unos almuerzos que sumaron adeptos a una causa en la que retranca del alcalde de Xàtiva era el gancho. Rus contó con la colaboración de sus diputados, a los que ha premiado (a casi todos) manteniéndolos con silla en la bancada provincial, que a toque de corneta llenaron hasta el local más grande en esos almuerzos 'de entrepà' hiciera frío o calor.
En el debate del pleno de investidura de Alberto Fabra, el nuevo presidente de la Generalitat remarcó que era el primer castellonense con mando en plaza en el Palau. La bancada rompió en aplausos menos Rus. La imagen evidenció un problema: la provincia de Valencia está descabezada a falta de un líder que aglutine más del 90% de los apoyos, que así es como se gobierna en el PP. Estar por debajo de esa cifra es no ser nadie, por lo menos en este partido.
El expresidente Francisco Camps era el estandarte de la provincia de Valencia. Desde el palomar del Palau mantenía a raya a una provincia poco acostumbrada a estar huérfana y que ahora ve como desde Castellón sacan pecho. Algo que se han encargado de hacer visible durante esta semana en Les Corts y que ha dejado cierto regusto amargo en los populares de la provincia de Valencia.
Alfonso Rus, antes del maremoto político de este mes de julio histórico, dominaba fácil más del 70% de los apoyos de la provincia de Valencia. Él vende que tiene en la 'butxaca' al 80% de la militancia pero fuentes de distintas sensibilidades del PP valenciano consideran que en ningún momento ha llegado a esas cotas de poder. Ahora, tras el pulso a Fabra, cargos del partido aseguran que Rus no cuenta con la fidelidad de todos. En el PP no gustan las individualidades no apadrinadas por el grupo y hay muchos alcaldes que han llamado a Génova para preguntar y acatar órdenes.
El rusismo controla muchas comarcas y municipios. El problema es que no domina las grandes capitales, donde hay cargos capaces de presentarle batalla en el caso de que se abriera un enfrentamiento que a día de hoy nadie va permitir.
La mayor zona de influencia del presidente popular de Valencia se sitúa al sur de la provincia, donde inicio su carrera Rus desde la alcaldía de Xàtiva, donde ya empiezan a surgir voces críticas tras el ajustadísimo triunfo del PP (tras perder muchos votos) en las municipales del 22 de mayo. La comarca de La Costera es el embrión del rusismo.
Al sur de la Comunitat, La Safor es otra de las zonas que domina el actual líder provincial. Gandia, una de las ciudades más grandes y con más peso de la Comunitat, también procesiona al paso de Rus. El alcalde de la Ciudad Ducal, Arturo Torró, es socio incluso en algunos negocios con el alcalde de Xàtiva, que hay que reconocer que es un próspero empresario.
El detalle está en que Torró fue uno de los primeros en significar su apoyo al nuevo presidente Alberto Fabra. Además, tras décadas de gobierno socialista, el PP se ha hecho con Gandia y Torró no participará nunca en un enfrentamiento interno.
En la Vall d'Albaida, comarca limítrofe con La Safor y La Costera, el rusismo no controla de manera absoluta el territorio. Existe contestación en municipios importantes como Ontinyent y Albaida, que no se han plegado a los intereses del setabense.
La Canal de Navarrés y el Valle de Ayora sí que están controladas por el presidente de la Diputación. La realidad es que son comarcas con municipios muy pequeños en general que no representan un peso fundamental en la militancia popular.
En la Ribera Alta, Rus tiene a uno de sus lugartenientes de confianza como Rafael Soler (está en el comité de campaña para las generales) pero no controla localidades importantes como Carcaixent con Lola Botella y en Alberic va a tener problemas con un partido enfrentado. En la Ribera Baixa el asunto está más dividido pese a que Cullera tiene diputado provincial. Elena Bastidas y el blasquismo de Rafael controlan otra gran población como Alzira.
Mientras se sube hacia el norte de la provincia, Rus empieza a perder influencia. Controla la comarca de la Hoya de Buñol-Chiva al mantener a José Manuel Haro en la Diputación pese a la polémica de las oposiciones. Contentar a unos le ha costado perder la fidelidad de Requena, donde el candidato del PP ganó las elecciones pero se quedó sin puesto en la Diputación pese a ser el municipio más grande del partido judicial. Utiel es de Rus porque al candidato lo puso él.
L'Horta Sud es uno de los puntos negros del rusismo. Aquí, los versos sueltos que representan cada uno a su estilo los alcaldes de Torrent y Paterna, María José Catalá y Lorenzo Agustí, respectivamente, son un quebradero para el dominio del líder provincial. Rus no ha respetado el triunfo por mayoría absoluta (por segunda legislatura consecutiva) del PP en dos municipios clave en la localidad. Los ha dejado sin escaño en la Diputación de forma unilateral y le puede pasar factura. El poder de Crespo en Manises, enfangado en el caso Emarsa, no es una amenaza para los versos sueltos. En cambio, en l'Horta Nord, la mano de Juanjo Medina, uno de los escuderos de Rus, ordena pese a que en privado hay cargos que se quejan de su autoritarismo. En estas zona se nota también la influencia de Juan Cotino, sobre todo en la Sud, donde en su localidad Xirivella y pueblos de alrededor cuenta con adeptos.
La influencia de Cotino no es orgánica sino de conexión con el puesto de mando. Ha logrado hacerse su equipo a contracorriente con el rusismo.
Pero la verdadera batalla está en las comarcas del norte de la provincia. Allí, en el Camp del Túria conviven dos gallos, Serafín Castellano y Vicente Betoret. A peso, el rusismo tiene más adeptos. Betoret, al que en su día colocaron de candidato en Vilamarxant para perder y ganó, se lo ha trabajado duro. Es el hombre de máxima confianza de Rus. Pero Castellano mantiene a su tropa bien distribuida por puntos estratégicos de las distintas comarcas. El conseller de Gobernación es todavía una persona con mando y que ha sabido levantar una fortaleza en las zonas que domina. Castellano aglutina un buen porcentaje de apoyos que en ningún caso irían a Rus y serían los votos que le faltarían al presidente provincial para lograr una victoria incontestable en una partida abierta.
Castellano también controla parte del Camp de Morvedre (Paco Huguet) donde existe otro verso suelto como es el alcalde de Sagunto, Alfredo Castelló, que no se ha significado por nadie.
Y luego queda Valencia capital, donde existen muchas sensibilidades y sigue Rita Barberá como estandarte. El rusismo ha buscado la vía de Nuevas Generaciones con Belén Hoyo a la cabeza para intentar rascar en la capital. Porque la corriente que ha crecido con cacaos y olivas se ha valido astutamente de los cachorros del PP para hacer cantera.

viernes, 29 de julio de 2011

RUSLIGHTGEAR

FOTO ARCHIVO, TAMAÑO REAL
Fuentes secretas han informado a este medio libre que el gran Alfonso Rus comenta por círculos del Partido Popular que esta dispuesto a ir hasta el infinito o más allá para ampliar su cuota de poder. Y es que el 80% de una Provincia resulta un poco pobre para un superhéroe de su "talla". Por eso ahora que su plan para conquistar la Comunitat Valenciana se ha visto frustrado por el castellonense Alberto Fabra, RUSLIGHTGEAR pone el punto de vista en un nivel más alto, al fin y la cabo quién quiere ser presidente de una Comunidad Autónoma pudiendo serlo de toda una nación.

¿Qué pensaís?,  ¿Conseguirá volar hasta la Moncloa o se estrellará por el camino?

Seguiremos informando desde APRR...

¿Rajoy vs Rus? Rajoy no controla el 80%... "don't worry"

Las Provincias

Génova advierte de su hartazgo tras las exigencias de Rus

Varios alcaldes de la provincia de Valencia llaman a Madrid ante la inquietud que genera la actitud del presidente del PP provincial

29.07.11 - 00:24 -

 
El líder del PP valenciano, Alfonso Rus, sigue dando pasos en el alambre de un trapecio sin red. Un equilibrismo que ya molesta en la sede nacional del PP de la calle Génova, que muestra su hartazgo por los enfrentamientos internos en un partido que busca la calma chicha para ganar las elecciones generales. Según las fuentes consultadas del equipo más próximo a Mariano Rajoy, el propio presidente nacional del partido ha dejado claro que no le temblará el pulso para apartar a todo aquel que genere problemas después de cerrar en la medida de lo posible la peor crisis institucional y de partido que ha vivido la Comunitat Valenciana. La conclusión es que Rajoy no permitirá a Rus que mantenga su órdago al nuevo presidente del Consell, Alberto Fabra.
La dimisión de Francisco Camps como presidente de la Generalitat es una aviso al resto de que Génova no se va a andar con chiquitas. El que pise el charco corre el riesgo de quedarse fuera y en el PP varios cargos ya le han dicho a Rus que si se pasa de listo su maniobra tendrá consecuencias.
Ayer, en el patio del ficus de Les Corts, dirigentes valencianos con plaza en Madrid hacían la misma lectura que ha trasladado Génova a los mandos del PP regional: «Ojito con moverse que Rajoy no quiere ninguna historia». Un mensaje que cada a uno a su manera resumía en las conversaciones de corrillo.
La misma tarde de la dimisión de Camps como presidente de la Generalitat, Rus hizo patente su malestar por cómo se tomó la decisión. Se cruzó de brazos y no escondió su enfado por haber sido ninguneado en el proceso de relevo más importante que ha vivido esta autonomía en toda su historia. El barón con cargo se quedó sin mando, algo que fue demasiado evidente.
Ese mismo día, tanto él como Juanjo Medina elevaron el tono en la conversación con la vicepresidenta, Paula Sánchez de León, y con la consellera Lola Johnson. Les pidieron explicaciones de algo que quizá no se atrevieron a exigirles a otros, como al propio presidente del partido hasta ese momento, Francisco Camps.
A partir de aquí, el 'rusismo' disparó contra todo aquello que suponía una amenaza para el liderazgo del presidente del partido que controla una mayoría de la provincia pero no con la rotundidad necesaria para tomar las decisiones sin consultar con nadie. Primero contra el presidente de Les Corts y enlace entre el Consell y el PPCV, Juan Cotino. Luego se apuntó a piezas con más caché como la propia vicepresidenta Sánchez de León.
La información de LAS PROVINCIAS sobre el pulso echado por Rus que lo convertía en el principal problema para el nuevo presidente de la Generalitat fue ayer argumento principal en muchos de los corrillos celebrados en el pleno de toma de posesión de Alberto Fabra. Incluso el propio Alfonso Rus escenificó una imagen de aparente paz después de que todas las miradas y las cámaras de los fotógrafos estuvieran fijas en él.
Rus, que a mediodía de ayer no había sido recibido todavía por Fabra, sabe que en el partido han empezado a haber movimientos que no le dejan en una buena situación. Los que le avisan de que se puede pasar de frenada son los primeros que marcan distancias respecto a un líder provincial que busca unos apoyos que no logra ampliar. Se debe dar cuenta de que algunos de los que le jalean le pueden abandonar al considerar que su estrategia no es la correcta sobre todo cuando la figura de Rajoy ya ha entrado a resolver un tema del que se siente «harto», según confirman sus más allegados.
El pasado miércoles el número dos del PP regional, Antonio Clemente, se reunió con Rus en el despacho presidencial de la Diputación de Valencia. Una cita de partido resuelta en sede institucional en la que Clemente, secretario de la dirección regional, parecía el invitado que pedía audiencia. Una foto distribuida por los propios servicios de prensa de la Diputación que no ha sentado nada bien en las filas populares al entenderla como una nueva provocación al partido.
Clemente acudió a la cita con la intención de pedir explicaciones al dirigente provincial y a exigirle que baje el pistón en un momento en el que el partido necesita calma. El secretario regional le mostró su malestar por la campaña de acoso que se había iniciado desde el 'rusismo' contra Sánchez de León y otros cargos.
Malestar por la crisis
Lo cierto es que Rus nunca ha escondido su malestar con la forma en la que se ha gestionado la crisis de los trajes. El presidente provincial ha culpado directamente a la camarilla del Palau de la Generalitat de los males del expresidente Francisco Camps. De hecho, le ha trasladado varios mensajes por diferentes vías a Fabra para que haga tabla rasa y forme su equipo.
El problema que tiene Rus es que ha conseguido que alcaldes de su partido empiecen a moverse para demostrar su fidelidad a la siglas del PP y al proyecto que en estos momentos lidera Mariano Rajoy. Fuentes de la dirección nacional han confirmado que ya han llamado varios alcaldes de la provincia de Valencia a la sede de la calle Génova para desmarcarse del órdago de Rus y asegurar que en ningún caso formarán parte de una estrategia que convulsione al partido.
Rus no encuentra seguidores. Se ha labrado la provincia con almuerzos de sábado por la mayoría de los municipios pero en las grandes ciudades no cuenta con apoyos de peso. Los ejemplos de Torrent y Paterna son los más claros, especialmente después de que se hayan quedado fuera del grupo popular de la Diputación de Valencia.
En este proceso de sucesión institucional hay un dato que hay que tener en cuenta. En primer lugar, que Alberto Fabra es el candidato elegido por Madrid (aunque se le ofreció primero a Rita Barberá) por encima incluso de las sugerencias que planteó Camps para que la elegida fuera Paula Sánchez de León. Y más importante, el hecho de que Alberto Fabra, según apunta la dirección nacional, ha sabido sobrevivir en Castellón al monopolio de un Carlos Fabra que dominaba desde la Diputación y desde la dirección provincial cualquier movimiento en el partido. El hueco que se hizo el ya exalcalde de Castellón en ese tsunami que es el 'fabrismo' (el de Carlos) denota que es un tipo inteligente, con recursos y bien considerado en Madrid. Y Rus, por mucho que quiera, de momento no es Carlos Fabra.

RAJOY YA NO ES MI AMIGO

Seguramente este titular lo veamos pronto en el diario las Provincias, y es que al parecer la pataleta de el todopoderoso Alfonso Rus ya empieza a cansar en la calle Genova. Y es que cuando el resto del Partido Popular se esta centrando en solucionar los problemas internos para centrarse en las próximas elecciones generales que deben encumbrar a Rajoy a la Moncloa, Alfonso Rus parece no entender el mensaje y pide a cambio de su tranquilidad y apoyo lo único que le interesa poder, poder y poder.....

Y es que quien quiere tener vocación de servicio público, es mucho más divertido acumular todos los cargos posibles al mismo tiempo, desde Presidente de la escalera a rey del mambo y la ansiada dimisión del ExPresidente Camps era su gran ocasión de subir un peldaño más. Su amigo Rajoy no pensó en él para liderar la Comunidad, y claro eso jode. Quizá sea eso lo que lleva a agarrarse a un clavo ardiendo, y forzar la maquinaria para acumular más poder, que el 80% ya le sabe a poco.

Aunque a decir verdad, quizá exageró un poco ya que las llamadas de alcaldes valencianos a Madrid declarando no pertenecer a ese 80% no se han echo esperar, habrá que decirle al CIS que evalue cual es el actual respaldo al Presidente de la Diputación de Valencia, puede que muchos alcaldes quieran cambiar de parecer......

jueves, 28 de julio de 2011

Nueva encuesta

Tras las numerosas comunicaciones recibidas por este medio libre del preocupado 20%, hemos decidido hacer una encuesta en APRR para saber a qué debe atenerse el susodicho 20% en un futuro.

Ya podéis votar y mostrarles el camino...

Otro día más, Rus es portada de periódico

Las Provincias

Rus, el primer problema de Fabra

28.07.11 - 00:12 -

Alfonso Rus intenta desde hace semana y media crecer metro y medio políticamente con escaso éxito. El problema es que el nuevo presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, quiere mantener los plazos y hasta después del pleno de toma de posesión, que se celebrará hoy en Les Corts, no recibirá al líder del PP en la provincia de Valencia que ha achicharrado a mensajes de todo tipo al nuevo jefe sin obtener la respuesta esperada.
A Rus todavía le dura la pataleta de ser ninguneado en la partida jugada hace una semana para resolver la peor crisis institucional de la historia de la Comunitat. Él, que pensaba que mandaba y mucho, se vio fuera del cogollo que vivió en primera persona la dimisión de Francisco Camps y la elección de Alberto Fabra como sucesor. Le duele que no le informaran, pero todavía más que fuera tan evidente su papel secundario cuando el se creía en la condición de barón.
Rus tira de la cuerda y pese a los comunicados públicos de apoyo al nuevo presidente, el líder provincial se mantiene empeñado en hacer fuerza asido a lo que cree él que es una maroma cuando en realidad es un hilo de coser que muchos pata negra del partido ya le han hecho ver que se puede romper.
Al de Xàtiva parece que le da un poco igual. Él se fuma un puro. Sólo quiere que, como trasladó al finalizar la Junta Directiva Regional donde actuó más de Don Tancredo que de palmero, «Alberto o Alberta» lo reciba porque para eso es el presidente de la provincia con más militantes y votos de la Comunitat. Ese es el mensaje que vende como tarjeta de visita para hablarle de tú a tú al presidente de la Generalitat. El problema de hacer de Don Tancredo es que como se mueva el toro se lo puede llevar por los aires. Y el martes tampoco le dio a las palmas en Les Corts.
Las actitudes presidencialistas de Rus adquieren en muchas ocasiones tintes del siglo pasado o de mucho más atrás. Ayer recibió al número dos de su partido, al secretario regional del PP, Antonio Clemente, en su despacho de la Diputación de Valencia. En la institución cuando el motivo de la reunión eran cuestiones de partido. A lo que fue Clemente es a pedirle explicaciones por ese desdén público hacia la transición calmada que quiere escenificar el PP valenciano y por el veto a cargos como Cotino y De León. Más que nada, porque a la vuelta de la esquina están las generales y Mariano Rajoy no quiere batallitas provincianas.
Rus, el presidente, le dijo a Clemente que todo estaba perfecto y que no había ningún problema. Y se fumó otro puro. Después, también en la Diputación, porque es su casa, se montó un acto de partido, reunió al Comité Provincial del PP y allí, en un plis plas y con foto de su gabinete de prensa de por medio, aprobaron un comunicado público de besos y abrazos al nuevo presidente y colocó a Vicente Betoret al frente del comité de campaña para las generales. Su equipo lo completarán Juan José Medina, Rafael Soler y Emilio Llopis, que son rusistas de pura cepa.
La dimisión de Camps ha descabezado a Valencia. Nadie estaba por encima del presidente de la Generalitat en la provincia. Ni siquiera Rus. Pero ahora no hay un líder que ponga encima de la mesa el apoyo incondicional del 90% de la militancia del partido. Gallos hay muchos pero habrá que ordenar el corral. A Rus las elecciones del pasado 22 de mayo le dejaron muy tocado de cara al futuro. El virrey de Xàtiva se quedó a un puñado de votos de perder la mayoría absoluta cuando en casi toda la Comunitat los populares ganaron o aumentaron su ventaja con el viento a favor de Zapatero y la crisis económica.
El dirigente provincial exige ahora cuando en la conformación del grupo provincial de la Diputación no cedió a ni una sola de las pretensiones. Incluso no se plegó a las peticiones de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, que le llegó a pedir hasta cinco puestos. Al final la capital se quedó con tres y entre ellos con María Jesús Puchalt que, según las fuentes consultadas, Barberá no quería incluir y que Rus mantuvo y así se lo hizo ver a la concejal.
A Lorenzo Agustí, alcalde de Paterna, se lo ventiló en la reunión en la que aprobó la composición de su equipo mientras que a la alcaldesa de Torrent, María José Catalá, le dijo en los pasillos de Les Corts que tenía la bancada con el cartel de completo y que no tenía hueco para el municipio más grande de la provincia de Valencia después de la capital.
En el partido ya le han hecho ver al también presidente del Olímpic de Xàtiva que no es el momento de ambiciones personales por muy morrocotudo que sea el cabreo de haber sido ninguneado. El hecho de que se enterara por la prensa pasadas de lo que pasaba a cuarenta metros de la sede de la Diputación no le valida, según altos cargos del partido, a plantear «exigencias desmedidas» al nuevo presidente que, entre otros asuntos, llega para tratar de convertir en una balsa de aceite a un partido que convulsiona desde hace tiempo con guerras internas y batallas judiciales. Los rusistas le piden a Fabra movimientos urgentes. Incluso dan de plazo mañana como último día. Lo primero que pidieron fue el desapego a Cotino. Órdagos que el nuevo presidente no va atender y menos si pasan por cuestiones tan delicadas como la petición del relevo de la vicepresidenta del Consell, Paula Sánchez de León, que sufre un ataque frontal del rusismo. Rita Barberá será otra de las que se tenga que mojar para apagar cualquier conato de incendio. Era la favorita de Rus porque el presidente de la Diputación sabía que la alcaldesa no iba a jugar. Una estrategia que le podría haber puesto en los tacos de salida. Lo pega es que no le dijeron ni la hora ni el sitio de la carrera.
En el partido, en la provincia de Valencia, no todo el mundo confía en Rus. Hay muchas sensibilidades entrelazadas que van desde el propio presidente provincial hasta los democristianos de Juan Cotino, los herederos de Camps y otros grupos como el que puede representar Serafín Castellano y muchos versos sueltos. No hay que olvidar a los antes citados Agustí y Catalá.
Desde Castellón también salieron voces a favor de Alberto Fabra y con cierto toque de atención a Rus sin citarlo. Fue el otro Fabra, Carlos, el que dejó el recado: «Tendrá (Alberto) el cariño de la provincia. No consentiremos que nadie siembre dudas sobre este hecho por mera notoriedad personal».

Rus ha hablado...

Señoras y señores, Rus ha hablado. La nueva es que el "todopoderoso" barón del Partido Popular controla el 80% del partido en la provincia de Valencia.

Desde Alparrusrusrus (APRR) tenemos la teoría de que si sigue controlándolo todo va a acabar dominando el mundo.

La duda es, ¿quién controlará el 20% restante? ¿Quiénes son ese 20%? ¿Sucumbirán ante su gran poder?

Próximamente... en APRR.


miércoles, 27 de julio de 2011

Otra de Rus y Cotino

Las Provincias

Rus: Cotino o yo

22.07.11 - 00:11 -



Rus: Cotino o yo
Tras la pataleta por las formas de cómo lo ningunearon el día de autos, la llamada de rigor del líder popular en la provincia de Valencia, Alfonso Rus, al próximo presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, se produjo. Fue una declaración de amor con condiciones. Y estas, según las fuentes consultadas, no pasan por otro camino que por el desapego al sector democristiano liderado por Juan Cotino y al sanedrín que ha guiado a Camps durante los dos últimos años a la senda de la dimisión forzosa. Rus, al que no le gustó ni un pelo enterarse por la prensa de lo que se cocinó el día de la dimisión de Camps, vino a recordarle a Fabra que el fracaso lo marcaba el paso de procesión y que su triunfo sólo pasará por el apoyo en aquellos que palpan la realidad del PP valenciano. Una forma de decir: o Cotino o yo. Esta es la clave. Aceptar la oferta (quizá imposición) de Rus es el camino más corto que tiene Alberto Fabra para amansar al partido.
El presidente de la Diputación de Valencia ofreció su lealtad y la de los suyos. A tumba abierta pero con garantías. Un gesto que hizo respirar de momento a Génova, que no quiere en la Comunitat ni un movimiento más en falso que sirva de peaje en la autopista abierta a Mariano Rajoy con destino a la Moncloa. El líder provincial es consciente de que una rebelión interna en estos momentos no le beneficia ni él ni al partido y tiene claro que por encima de todo están las siglas de su formación. Además, Rajoy no lo permitirá bajo ningún concepto.
La exigencia de Rus se transmitió con argumentos. El líder provincial intentó hacerle ver a Alberto Fabra que la influencia del actual presidente de Les Corts ha condenado al hasta ahora jefe del Consell y con números demostró que el que maneja el cotarro en la provincia de Valencia es él: desde los cachorros de Nuevas Generaciones hasta los cargos municipales desde la atalaya de la Diputación y la dirección provincial.
Ampliar las consultas
De paso, el líder provincial también le hizo ver a su futuro presidente que hay vida más allá de los gruesos muros del Palau de la Generalitat, por lo que es mejor buscar la luz de la calle que dejarse engatusar por los cantos de sirena del entorno en la penumbra de los aposentos presidenciales. Conclusión: a la hora de consultar no despreciar una segunda opinión.
El desdén que demostró un Rus de brazos cruzados en la reunión del miércoles por la tarde en la sede popular de la calle Quart fue calificado de «bochornoso» por cargos con pedigrí en el partido. El alcalde de Xàtiva, hombre impulsivo donde los haya, se dejó llevar por los sentimientos de saberse en un córner cuando se jugó partido de Champions League y él no rascó ni bola.
Los rusistas se presentan con la tarjeta de visita de que controlan el partido, sacan músculo con el número de afiliados en la provincia y exhiben su número de alcaldías. Y todo esto cuenta. La capital y la provincia más importante de la Comunitat es Valencia y no hace falta recordar que Castellón nunca ha contado con un presidente de la Generalitat.
Los democristianos tienen puestos, pero no el mando de las bases. Camps ha sido el artífice de que Cotino y sus fieles cuenten con nombramiento en el Diario Oficial de la Comunitat. En ese saco el entorno del líder provincial da nombres como los de Rafael Ripoll, José Marí Olano e inciden en un Federico Trillo al que acusan de ser el estratega de todo lo que se coció en el Palau de la Generalitat en esas horas de infarto previas a la dimisión. Camps seguirá en funciones hasta el nombramiento de Fabra la semana que viene porque haber delegado por unos días en la vicepresidenta, Paula Sánchez de León, hubiera incendiado al partido.
En la reunión de la dirección del grupo popular de Les Corts ayer por la mañana hubo fricciones. Fuentes consultadas aseguraron que uno de los que tomó la palabra fue el diputado Vicente Betoret que trasladó el disgusto de Rus por las formas. Las mismas fuentes aseguraron que Betoret calificó de «impresentable» el hecho de que el líder popular en la provincia de Valencia no recibiera una llamada telefónica para ser informado de los movimientos acelerados que se estaban llevando a cabo. Defendió que los tres líderes provinciales y los tres alcaldes de las capitales de provincia deberían haber estado al tanto al minuto.
El portavoz del PP en Les Corts, Rafael Blasco, también puso de manifiesto su extrañeza por la hoja de ruta marcada cuando él es el responsable de registrar en la Cámara valenciana el nombre del candidato. Una declaración que hizo saltar como un resorte a Marisol Linares, de Castellón pata negra, que cuestionó las palabras de Blasco al creer que el síndico popular puso en cuestión el fondo de la elección de Alberto Fabra en lugar de las formas. Las mismas fuentes aseguraron que Linares vino a decir que si alguien tenía algún problema que lo hubiera dicho en la Junta Directiva Regional. Al final, parece que fue Ricardo Costa el que medió para poner algo de paz.
Poder territorial
El rifirrafe que alimentó Linares sirvió para recuperar un viejo debate de partido sobre las cuotas provinciales y la representación de cada territorio en los puestos de mando de las instituciones. Al parecer Blasco apostó por acabar con los repartos según el lugar de nacimiento en el DNI. Un debate que al final se pospuso en aras de la convivencia en un momento que el partido necesita sosiego. Pero no hay que olvidar que en Valencia, que a fin de cuentas es la provincia que más votos aporta en números absolutos, se sienten ninguneados. El número dos de los populares valencianos, Antonio Clemente, que estuvo presente en esa reunión encajó en silencio los golpes que le pudieron caer a la gestión de la dirección regional.
El espíritu con el que llega Alberto Fabra al Palau de la Generalitat no es el de destruir. Por eso mantendrá de momento al equipo de gobierno que nombró Francisco Camps y a la dirección del grupo parlamentario. Esta última decisión apacigua los ánimos revolucionarios de un Rus al que cargos de peso le han hecho ver que el PP es un partido presidencialista con más apego a las siglas que a las personas. Aquello de a rey muerto, rey puesto funciona en la sede de la calle Quart a las mil maravillas. Y ejemplos hay varios.
Rus ha optado en esta ocasión por dejar las cosas claras desde el minuto uno. Para que nadie luego le adelante por la derecha. Ofrece colaboración y lealtad a Alberto Fabra y así se lo transmitió, pero ni él ni los suyos están dispuestos a soportar un nuevo mandato teledirigido por una camarilla. Habrá paz hasta las generales pero luego, en vistas al congreso, no hay duda de que existirá partida.

Rus va a por Cotino

Las Provincias

Fabra anula el acto de Gandia para enfriar la lucha entre Rus y Cotino

El presidente del PP en Valencia no pensaba participar en un encuentro con alcaldes organizado por el presidente de Les Corts

 
El PP valenciano necesita sosiego ante un incendio alimentado por egos, léase Alfonso Rus y Juan Cotino, que el candidato a la presidencia de la Generalitat, Alberto Fabra, ha decidido enfriar por la salud de la formación en unos días delicados. Hoy había acto en Gandia y como adelantó ayer este periódico se ha aplazado para más adelante o, quizá, para nunca. Una decisión que tomó el propio Fabra, según fuentes consultadas para evitar escenas innecesarias.
El organizador del evento (incluso lo clausuraba) era el presidente de Les Corts, Juan Cotino, que además de la segunda autoridad de la Comunitat es el responsable de la coordinación entre el Consell y los responsables municipales. Un puesto que le ajustó Camps a medida para que el exconseller tuviera un cargo orgánico en la dirección de los populares valencianos. El secretario regional del PP, Antonio Clemente, fue quien cerró el programa junto a Cotino y así lo presentó el pasado lunes.
El problema es que, según las fuentes consultadas por este periódico, el líder del PP en la provincia y presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, ya había avisado que no pensaba participar de un acto organizado por Cotino. Su ausencia era todavía más evidente cuando sus homólogos en las diputaciones de Castellón y Alicante, Javier Moliner y Luisa Pastor, participarían con una ponencia en el programa oficial.
En el partido se planteó la idea de que a pesar de la crisis abierta se mantuviera para hoy el acto en la Casa de Cultura de Gandia, que hubiera servido para darle la bienvenida al futuro presidente de la Generalitat. Pero en la calle Quart no están para fiestas y así lo entendió Alberto Fabra, que decidió suspender (con buen criterio, según muchos) para evitar que quedara demasiado evidente las diferencias entre Alfonso Rus y Juan Cotino en la provincia de Valencia.
Los rusistas dominan la provincia a nivel orgánico y así se lo ha labrado el presidente provincial sábado tras sábado en los últimos meses a base de almuerzos de sobaquillo hasta en el pueblo más pequeño. La estrategia de Cotino ha sido diferente. Más subterránea y sin poder orgánico, se trabajó la amistad del presidente de la Generalitat para hacer de contrapoder al líder provincial. Los pulsos en algunos municipios por la candidatura en las elecciones del 22 de mayo (un ejemplo es Alaquàs) o para dominar a los cachorros de Nuevas Generaciones son ejemplos que demuestran que las heridas no están cerradas.
Rus le ha declarado su lealtad al elegido para sustituir a Camps al frente de la Generalitat pero quiere garantías. El presidente será de la provincia de Castellón pero el alcalde de Xàtiva no quiere que nadie se olvida que el verdadero poder del partido está en la provincia de Valencia por número de militantes, alcaldías y votos que se aportan a la saca popular.
El entorno del líder provincial recela de las maniobras de Cotino que, al parecer, ya se ha movido para situar al sector democristianos cerca de Fabra. Es evidente que la relación entre el futuro jefe del Consell y el presidente de Les Corts debe ser fluida, aunque en el PP valenciano existen recelos por el excesivo protagonismo que quiere adquirir Cotino, que incluso participa en las reuniones de la dirección del grupo popular cuando su labor en el Parlamento debería ser meramente institucional. Diputados como José Marí Olano ya han expresado que su vinculación es a las siglas del Partido Popular y que trabajará por el futuro de su formación política por encima de nombres.
Las fuentes consultadas confirmaron que el presidente de la Diputación de Valencia le exigió a Fabra un gesto. Un detalle que puede pasar por algún nombramiento que escenifique el peso de la provincia de Valencia en el partido. Además, le hizo ver que no puede seguir en el Palau de la Generalitat con una camarilla que ha estado acompañando durante los últimos ocho años a Camps. Rus le trasladó al futuro presidente la necesidad de que monte un equipo nuevo para romper ruptura con el anterior que, para los afines al presidente provincial, han llevado a la ruina al actual jefe en funciones del Gobierno.
Pero Rus no quiere que la decisión se alargue en el tiempo. Espera que el gesto de buena voluntad hacia la provincia de Valencia se produzca en los próximos días. Además, le ha hecho ver al todavía alcalde de Castellón que tienen que venir asuntos espinosos como el caso de la financiación, los pagos por la visita del Papa y cuestiones que no son nada fáciles de gestionar. La intención de Fabra es heredar el Gobierno heredado que nombró Camps, aunque es cierto que hay consellers con dudas sobre su situación en el nuevo proyecto. El horizonte de Paula Sánchez de León, que hubiera sido la sucesora natural de Camps al menos por su cargo de vicepresidenta, se presenta incierto porque pese a que es de Valencia no cuenta con las simpatías de la dirección provincial.

Rus pone condiciones a Fabra

Fabra llamó a Rus para recabar su apoyo y éste lo garantiza a cambio de influencia

El líder le prometió «lealtad», pero su entorno afirma: «Si Alberto no cuenta con él, el problema será suyo»

 
PACO CERDÀ VALENCIA Alberto Fabra acababa de ser ungido como próximo presidente de la Generalitat. Abandonó la sede regional del PP y llegaba en coche oficial a su Castelló natal para saborear las mieles del inesperado triunfo en una noche en familia con concierto de BB King en Peñíscola incluido. Pero antes del baile debía solucionar —o empezar a hacerlo— un problema. Alfonso Rus, presidente provincial del PP, presidente de la Diputación de Valencia y jefe de la taifa popular más entera, había exteriorizado en la sede del PP su malestar ante el proceso de relevo en la Generalitat. Brazos cruzados y semblante serio. Rus no perdonaba que lo hubieran ninguneado y quiso que se notara. Por eso, Fabra no esperó a que el hielo se deshiciera y decidió picarlo él mismo. Al contrario de lo que sería esperable (que el pez chico llame al gordo), fue el próximo presidente de la Generalitat quien esa misma noche del miércoles telefoneó a Rus. Todo un gesto. Según revelan fuentes del PP, la conversación fue distendida. Rus, además de lamentar las formas en la que había discurrido el vodevil, le garantizó a Fabra «apoyo y lealtad» de él y de los suyos para la nueva etapa.

Fue un gesto diplomático del líder de Xàtiva. Pero la diplomacia es el arte de decir aquello que no se piensa, o al menos no de forma completa. Porque el apoyo de Rus al sustituto de Camps tendrá un precio. Y el rusismo ayer lo dejó claro: «Él [Alberto Fabra], que cuente con quien quiera. Pero luego, con base en los resultados, haremos. Y si no cuenta [con Rus], el problema será suyo», amenazaba ayer un alto dirigente del PP con mando en el rusismo en conversación con este periódico.

Y no es ninguna improvisación. Rus y su entorno están decididos a ser los pescadores que triunfen en este río revuelto. Por eso, sacan pecho: «Para que un gobierno sea fuerte ha de contar con el partido. El partido en Valencia es Rus. En Castelló es Carlos Fabra. Y en Alicante, sólo Dios lo sabe. Aquí uno no puede ir por libre», dicen. Y por eso, añade el mismo político, Fabra deberá contar con el rusismo. Sí o sí, recalcan. Y eso es un pulso directo con el sector cristiano del PP valenciano que encabeza Juan Cotino y que tanto poder ha tenido en la presidencia de Camps.

«Guerra» entre Rus y Cotino
La guerra entre ambos frentes del PP valenciano, Rus y Cotino, ya está en marcha. La respuesta procedente del rusismo —con el amparo del anonimato, eso sí— no deja lugar a dudas: «¿Cotino? Eso ya está liquidado. Ya no tiene ni padre ni madre. Eso es caspa y ya no se estila». A juicio del dirigente popular que pronuncia estas duras palabras, «Cotino era una manipulador del presidente [Camps]. Ésos son los que le han llevado a la ruina, aparte de lo que haya podido pasar. Paco [Camps] tragaba con ellos. Y ahora, van a intentar abducir a Alberto y decirle a quién tiene que poner y qué es lo que ha de hacer. Pero si éste se lo traga, tendrá problemas», adelantan desde el núcleo duro de la dirección provincial del PP.

Y no se trata de que eleven a Rus a conseller o le den cargos para sus correligionarios. Rus no aceptaría cambiar la presidencia de la Diputación de Valencia por una cartera en el Consell de Fabra, según trasladan desde su entorno. Lo que quiere Alfonso Rus es más influencia, autoridad, protagonismo y peso político en la órbita de la Generalitat. En definitiva: busca poder blando, no cargos.

Rus no quiere imponerle cargos
Porque otra cosa tiene clara Rus, según explica su entorno más íntimo: el líder provincial de Valencia no pretende coaccionar a Fabra en el diseño de su Consell. «Si a uno le hacen el gobierno, eso es un desastre. Porque el presidente ha de tener confianza en su entorno. Es él quien se arriesga a triunfar o no. Así que imposiciones [de cargos], por nuestra parte, no habrá ninguna. La gente está demasiado acostumbrada a las cuotas de poder, y eso es un error», aseguran las mismas fuentes. El rusismo habla en estos términos porque duda del anuncio realizado por Alberto Fabra de que mantendrá el Consell de tecnócratas nombrado por Camps. «¿Mantenerlos a todos? Eso ya lo veremos», deslizan.

Después de las primeros envites en público, en los que Alfonso Rus ya ha marcado el territorio exhibiendo su malestar y aduciendo que le habría gustado que se hubiera podido elegir entre varios candidatos, ahora parece que la paz interna empieza a hallar un cauce. «El partido en Valencia apoyará sin fisuras a Alberto», ha asegurado Rus. Eso sí: a Fabra no le saldrá gratis.