jueves, 28 de julio de 2011

Otro día más, Rus es portada de periódico

Las Provincias

Rus, el primer problema de Fabra

28.07.11 - 00:12 -

Alfonso Rus intenta desde hace semana y media crecer metro y medio políticamente con escaso éxito. El problema es que el nuevo presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, quiere mantener los plazos y hasta después del pleno de toma de posesión, que se celebrará hoy en Les Corts, no recibirá al líder del PP en la provincia de Valencia que ha achicharrado a mensajes de todo tipo al nuevo jefe sin obtener la respuesta esperada.
A Rus todavía le dura la pataleta de ser ninguneado en la partida jugada hace una semana para resolver la peor crisis institucional de la historia de la Comunitat. Él, que pensaba que mandaba y mucho, se vio fuera del cogollo que vivió en primera persona la dimisión de Francisco Camps y la elección de Alberto Fabra como sucesor. Le duele que no le informaran, pero todavía más que fuera tan evidente su papel secundario cuando el se creía en la condición de barón.
Rus tira de la cuerda y pese a los comunicados públicos de apoyo al nuevo presidente, el líder provincial se mantiene empeñado en hacer fuerza asido a lo que cree él que es una maroma cuando en realidad es un hilo de coser que muchos pata negra del partido ya le han hecho ver que se puede romper.
Al de Xàtiva parece que le da un poco igual. Él se fuma un puro. Sólo quiere que, como trasladó al finalizar la Junta Directiva Regional donde actuó más de Don Tancredo que de palmero, «Alberto o Alberta» lo reciba porque para eso es el presidente de la provincia con más militantes y votos de la Comunitat. Ese es el mensaje que vende como tarjeta de visita para hablarle de tú a tú al presidente de la Generalitat. El problema de hacer de Don Tancredo es que como se mueva el toro se lo puede llevar por los aires. Y el martes tampoco le dio a las palmas en Les Corts.
Las actitudes presidencialistas de Rus adquieren en muchas ocasiones tintes del siglo pasado o de mucho más atrás. Ayer recibió al número dos de su partido, al secretario regional del PP, Antonio Clemente, en su despacho de la Diputación de Valencia. En la institución cuando el motivo de la reunión eran cuestiones de partido. A lo que fue Clemente es a pedirle explicaciones por ese desdén público hacia la transición calmada que quiere escenificar el PP valenciano y por el veto a cargos como Cotino y De León. Más que nada, porque a la vuelta de la esquina están las generales y Mariano Rajoy no quiere batallitas provincianas.
Rus, el presidente, le dijo a Clemente que todo estaba perfecto y que no había ningún problema. Y se fumó otro puro. Después, también en la Diputación, porque es su casa, se montó un acto de partido, reunió al Comité Provincial del PP y allí, en un plis plas y con foto de su gabinete de prensa de por medio, aprobaron un comunicado público de besos y abrazos al nuevo presidente y colocó a Vicente Betoret al frente del comité de campaña para las generales. Su equipo lo completarán Juan José Medina, Rafael Soler y Emilio Llopis, que son rusistas de pura cepa.
La dimisión de Camps ha descabezado a Valencia. Nadie estaba por encima del presidente de la Generalitat en la provincia. Ni siquiera Rus. Pero ahora no hay un líder que ponga encima de la mesa el apoyo incondicional del 90% de la militancia del partido. Gallos hay muchos pero habrá que ordenar el corral. A Rus las elecciones del pasado 22 de mayo le dejaron muy tocado de cara al futuro. El virrey de Xàtiva se quedó a un puñado de votos de perder la mayoría absoluta cuando en casi toda la Comunitat los populares ganaron o aumentaron su ventaja con el viento a favor de Zapatero y la crisis económica.
El dirigente provincial exige ahora cuando en la conformación del grupo provincial de la Diputación no cedió a ni una sola de las pretensiones. Incluso no se plegó a las peticiones de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, que le llegó a pedir hasta cinco puestos. Al final la capital se quedó con tres y entre ellos con María Jesús Puchalt que, según las fuentes consultadas, Barberá no quería incluir y que Rus mantuvo y así se lo hizo ver a la concejal.
A Lorenzo Agustí, alcalde de Paterna, se lo ventiló en la reunión en la que aprobó la composición de su equipo mientras que a la alcaldesa de Torrent, María José Catalá, le dijo en los pasillos de Les Corts que tenía la bancada con el cartel de completo y que no tenía hueco para el municipio más grande de la provincia de Valencia después de la capital.
En el partido ya le han hecho ver al también presidente del Olímpic de Xàtiva que no es el momento de ambiciones personales por muy morrocotudo que sea el cabreo de haber sido ninguneado. El hecho de que se enterara por la prensa pasadas de lo que pasaba a cuarenta metros de la sede de la Diputación no le valida, según altos cargos del partido, a plantear «exigencias desmedidas» al nuevo presidente que, entre otros asuntos, llega para tratar de convertir en una balsa de aceite a un partido que convulsiona desde hace tiempo con guerras internas y batallas judiciales. Los rusistas le piden a Fabra movimientos urgentes. Incluso dan de plazo mañana como último día. Lo primero que pidieron fue el desapego a Cotino. Órdagos que el nuevo presidente no va atender y menos si pasan por cuestiones tan delicadas como la petición del relevo de la vicepresidenta del Consell, Paula Sánchez de León, que sufre un ataque frontal del rusismo. Rita Barberá será otra de las que se tenga que mojar para apagar cualquier conato de incendio. Era la favorita de Rus porque el presidente de la Diputación sabía que la alcaldesa no iba a jugar. Una estrategia que le podría haber puesto en los tacos de salida. Lo pega es que no le dijeron ni la hora ni el sitio de la carrera.
En el partido, en la provincia de Valencia, no todo el mundo confía en Rus. Hay muchas sensibilidades entrelazadas que van desde el propio presidente provincial hasta los democristianos de Juan Cotino, los herederos de Camps y otros grupos como el que puede representar Serafín Castellano y muchos versos sueltos. No hay que olvidar a los antes citados Agustí y Catalá.
Desde Castellón también salieron voces a favor de Alberto Fabra y con cierto toque de atención a Rus sin citarlo. Fue el otro Fabra, Carlos, el que dejó el recado: «Tendrá (Alberto) el cariño de la provincia. No consentiremos que nadie siembre dudas sobre este hecho por mera notoriedad personal».

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