viernes, 29 de julio de 2011

¿Rajoy vs Rus? Rajoy no controla el 80%... "don't worry"

Las Provincias

Génova advierte de su hartazgo tras las exigencias de Rus

Varios alcaldes de la provincia de Valencia llaman a Madrid ante la inquietud que genera la actitud del presidente del PP provincial

29.07.11 - 00:24 -

 
El líder del PP valenciano, Alfonso Rus, sigue dando pasos en el alambre de un trapecio sin red. Un equilibrismo que ya molesta en la sede nacional del PP de la calle Génova, que muestra su hartazgo por los enfrentamientos internos en un partido que busca la calma chicha para ganar las elecciones generales. Según las fuentes consultadas del equipo más próximo a Mariano Rajoy, el propio presidente nacional del partido ha dejado claro que no le temblará el pulso para apartar a todo aquel que genere problemas después de cerrar en la medida de lo posible la peor crisis institucional y de partido que ha vivido la Comunitat Valenciana. La conclusión es que Rajoy no permitirá a Rus que mantenga su órdago al nuevo presidente del Consell, Alberto Fabra.
La dimisión de Francisco Camps como presidente de la Generalitat es una aviso al resto de que Génova no se va a andar con chiquitas. El que pise el charco corre el riesgo de quedarse fuera y en el PP varios cargos ya le han dicho a Rus que si se pasa de listo su maniobra tendrá consecuencias.
Ayer, en el patio del ficus de Les Corts, dirigentes valencianos con plaza en Madrid hacían la misma lectura que ha trasladado Génova a los mandos del PP regional: «Ojito con moverse que Rajoy no quiere ninguna historia». Un mensaje que cada a uno a su manera resumía en las conversaciones de corrillo.
La misma tarde de la dimisión de Camps como presidente de la Generalitat, Rus hizo patente su malestar por cómo se tomó la decisión. Se cruzó de brazos y no escondió su enfado por haber sido ninguneado en el proceso de relevo más importante que ha vivido esta autonomía en toda su historia. El barón con cargo se quedó sin mando, algo que fue demasiado evidente.
Ese mismo día, tanto él como Juanjo Medina elevaron el tono en la conversación con la vicepresidenta, Paula Sánchez de León, y con la consellera Lola Johnson. Les pidieron explicaciones de algo que quizá no se atrevieron a exigirles a otros, como al propio presidente del partido hasta ese momento, Francisco Camps.
A partir de aquí, el 'rusismo' disparó contra todo aquello que suponía una amenaza para el liderazgo del presidente del partido que controla una mayoría de la provincia pero no con la rotundidad necesaria para tomar las decisiones sin consultar con nadie. Primero contra el presidente de Les Corts y enlace entre el Consell y el PPCV, Juan Cotino. Luego se apuntó a piezas con más caché como la propia vicepresidenta Sánchez de León.
La información de LAS PROVINCIAS sobre el pulso echado por Rus que lo convertía en el principal problema para el nuevo presidente de la Generalitat fue ayer argumento principal en muchos de los corrillos celebrados en el pleno de toma de posesión de Alberto Fabra. Incluso el propio Alfonso Rus escenificó una imagen de aparente paz después de que todas las miradas y las cámaras de los fotógrafos estuvieran fijas en él.
Rus, que a mediodía de ayer no había sido recibido todavía por Fabra, sabe que en el partido han empezado a haber movimientos que no le dejan en una buena situación. Los que le avisan de que se puede pasar de frenada son los primeros que marcan distancias respecto a un líder provincial que busca unos apoyos que no logra ampliar. Se debe dar cuenta de que algunos de los que le jalean le pueden abandonar al considerar que su estrategia no es la correcta sobre todo cuando la figura de Rajoy ya ha entrado a resolver un tema del que se siente «harto», según confirman sus más allegados.
El pasado miércoles el número dos del PP regional, Antonio Clemente, se reunió con Rus en el despacho presidencial de la Diputación de Valencia. Una cita de partido resuelta en sede institucional en la que Clemente, secretario de la dirección regional, parecía el invitado que pedía audiencia. Una foto distribuida por los propios servicios de prensa de la Diputación que no ha sentado nada bien en las filas populares al entenderla como una nueva provocación al partido.
Clemente acudió a la cita con la intención de pedir explicaciones al dirigente provincial y a exigirle que baje el pistón en un momento en el que el partido necesita calma. El secretario regional le mostró su malestar por la campaña de acoso que se había iniciado desde el 'rusismo' contra Sánchez de León y otros cargos.
Malestar por la crisis
Lo cierto es que Rus nunca ha escondido su malestar con la forma en la que se ha gestionado la crisis de los trajes. El presidente provincial ha culpado directamente a la camarilla del Palau de la Generalitat de los males del expresidente Francisco Camps. De hecho, le ha trasladado varios mensajes por diferentes vías a Fabra para que haga tabla rasa y forme su equipo.
El problema que tiene Rus es que ha conseguido que alcaldes de su partido empiecen a moverse para demostrar su fidelidad a la siglas del PP y al proyecto que en estos momentos lidera Mariano Rajoy. Fuentes de la dirección nacional han confirmado que ya han llamado varios alcaldes de la provincia de Valencia a la sede de la calle Génova para desmarcarse del órdago de Rus y asegurar que en ningún caso formarán parte de una estrategia que convulsione al partido.
Rus no encuentra seguidores. Se ha labrado la provincia con almuerzos de sábado por la mayoría de los municipios pero en las grandes ciudades no cuenta con apoyos de peso. Los ejemplos de Torrent y Paterna son los más claros, especialmente después de que se hayan quedado fuera del grupo popular de la Diputación de Valencia.
En este proceso de sucesión institucional hay un dato que hay que tener en cuenta. En primer lugar, que Alberto Fabra es el candidato elegido por Madrid (aunque se le ofreció primero a Rita Barberá) por encima incluso de las sugerencias que planteó Camps para que la elegida fuera Paula Sánchez de León. Y más importante, el hecho de que Alberto Fabra, según apunta la dirección nacional, ha sabido sobrevivir en Castellón al monopolio de un Carlos Fabra que dominaba desde la Diputación y desde la dirección provincial cualquier movimiento en el partido. El hueco que se hizo el ya exalcalde de Castellón en ese tsunami que es el 'fabrismo' (el de Carlos) denota que es un tipo inteligente, con recursos y bien considerado en Madrid. Y Rus, por mucho que quiera, de momento no es Carlos Fabra.

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